Lo que creemos
A continuación encontrará nuestras creencias doctrinales fundamentales.
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Somos creyentes de la Biblia, lo cual significa que creemos en cada palabra de nuestra Biblia con una interpretación literal (palabra por palabra) del texto, “no es de interpretación privada” (2 Pedro 1:21). Dios ha inspirado y prometido preservar Su palabra. Su palabra ha sido preservada a través de la Biblia King James (KJB), y ahora tenemos la Valera 1602 Purificada, la cual es compatible con la KJB.
La Biblia nos enseña que no hay justo, ni aun uno, y que todos hemos pecado contra Dios, lo cual nos hace merecedores de juicio justo y castigo eterno (Romanos 1:21-32, 3:9-19). Pero Dios, que es grande en misericordia, se manifestó en semejanza de hombre y murió por nuestros pecados mientras aún éramos enemigos de Dios (Rom 5:8-11). Resucitó al tercer día para que tengamos vida (1 Corintios 15:1-4). Dios nos ha dado la salvación gratuitamente cuando oímos y confiamos en este glorioso evangelio (Efesios 1:13-14).
La misión de nuestro ministerio es cumplir la voluntad de Dios, que es que todos los hombres lleguen al conocimiento de la verdad y aclarar cuál es la comunión del misterio (Efesios 3:9, 1 Timoteo 2:4-5).
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El Señor Jesús reveló un misterio que estaba escondido en Dios. Este misterio fue revelado por medio del apóstol Pablo y está relacionado con la Iglesia, el Cuerpo de Cristo (Efesios 3:1-9, Colosenses 1:25-29). Tanto Pablo como Pedro predicaron Jesucristo, pero el contenido de su mensaje fue diferente:
Pedro:
“A quien es necesario que el cielo reciba hasta los tiempos de la restauración de todas las cosas, de que habló Dios por boca de sus santos profetas que han sido desde tiempo antiguo.” Actos 3:21.
Pablo:
“Y al que puede confirmaros según mi evangelio y la predicación de Jesucristo, según la revelación del misterio que se ha mantenido oculto desde tiempos eternos,” Romanos 16:25.
La mayoría de las Escrituras profetizan acerca de un reino venidero, en el cual todo el mundo será bendecido. Este reino fue prometido a Abraham y a sus descendientes, y con el tiempo, Dios fue revelando más detalles sobre ese reino futuro.
Cristo se revela como el Rey que traerá ese reino, pero fue rechazado por los suyos. En lugar de derramar su ira como fue profetizado en las Escrituras, Dios derrama gracia sobre todos. Dios está ofreciendo salvación y bendición sin Israel, lo cual no fue profetizado. Ahora Dios está obrando a través del Cuerpo de Cristo, en que no hay Judio ni Gentil.
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Creemos firmemente que la Iglesia (el cuerpo de Cristo) comenzó con Pablo en Actos 9 (1 Timoteo 1:15-16), cuando el Señor resucitado se le apareció en el camino a Damasco. Jesus le reveló el misterio que fue escondido en Dios desde tiempos eternos. Dios reveló a Pablo que está dispensando gracia a todo hombre, sin la ley.
La palabra dispensación no es una palabra inventada, sino que es una palabra que encontramos en la Biblia (Efesios 1:10, 3:2, Colosenses 1:25, 1 Corintios 9:17). Dispensación no es un periodo de tiempo en la Biblia, sino se refiere a lo que Dios está dispensando. A través del curso de la Biblia, Dios había dispensado diferentes maneras de cómo Él trata con la humanidad. Por ejemplo, Dios dispensó su ira durante el diluvio. Mas ahora, está dispensando gracia a todos.
Para poder identificar las dispensaciones en la Biblia, uno debe trazar (dividir) correctamente la palabra de verdad (2 Timoteo 2:15).
Cuando trazamos correctamente, podemos ver que la iglesia no es la misma iglesia de Jerusalém (Actos 8:1), ni tampoco la iglesia en el desierto (Actos 7:38). La palabra "iglesia" simplemente significa "congregación", y se usa con frecuencia en el Antiguo Testamento. Entendiendo que hay diferentes iglesias, también podemos entender que hay instrucciones dirigidas a diferentes audiencias o grupos. Igualmente, solamente a Noe Dios le dio la instrucción de construir el arca.
El estudio bíblico de la división correcta de mediados de los Actos nos ayuda a interpretar pasajes que a menudo son difíciles y, quizás, contradictorios en la Biblia.
Solamente en las epístolas de Pablo se encuentran las instrucciones y doctrina para la iglesia de hoy.
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Dios revela en la Biblia que hay un solo Dios verdadero y viviente (Isaías 43-48).
“Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es.” Deuteronomio 6:4.
Sin embargo, la Biblia también revela más sobre la naturaleza de Dios: aunque es un solo Dios, hay tres personas en la Deidad, y las tres (el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo) son plenamente Dios. El Hijo no es el Padre ni el Espíritu, y lo mismo se aplica al Padre y al Espíritu.
“Porque tres son los que dan testimonio en el cielo: el Padre, la Palabra, y el Espíritu Santo; y estos tres son uno.” 1 Juan 5:7.
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Jesús no es un ser creado. Jesús es el Dios eterno.
Jesús es el creador de todas las cosas (Efesios 3:9, Colosenses 1:15-16). Antes de ser conocido como Jesús, era conocido como Jehová Dios en el Antiguo Testamento (Éxodo 6:2-3). El apóstol Juan lo llama “la Palabra” (Juan 1:1, 1 Juan 5:7). Jesus es Dios manifestado en la carne (1 Timoteo 3:16).
Cuando la Palabra apareció como hombre, nunca dejó de tener ninguno de sus atributos divinos, ni su conocimiento de sí mismo.
Cristo (que significa Mesías / “el Ungido”) permaneció Dios en la carne, aunque veló su plenitud y apareció como siervo (Filipenses 2:6-8).
Lo que distingue a Jesús de las otras personas de la Deidad es que Él se hizo completamente hombre, y permanece como hombre en el cielo ahora. Jesús tuvo que ser hombre para representar a la humanidad y para interceder por el hombre (1 Timoteo 2:5).
Solo Dios puede salvar y perdonar pecadores, por eso Dios tuvo que hacerse hombre para derramar su sangre para el perdón de pecados.
“Porque en él mora toda la plenitud de la Deidad corporalmente;” Colosenses 2:9.
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El Espíritu Santo es la tercera persona de la Deidad. El Espíritu Santo movió a los hombres a escribir las sagradas escrituras (1 Pedro 1:21, 2 Timoteo 3:16). Así como Dios profetizó por medio de los profetas, el Espíritu Santo inspiró las escrituras a través de ellos mientras escribían.
Durante los primeros días de la Iglesia (el cuerpo de Cristo), el Espíritu dio dones para edificar al cuerpo (1 Corintios 12:4-11). Esos dones cesaron después (Efesios 4:11-13).
Principalmente, somos sellados con el Espíritu Santo en el momento en que oímos y confiamos en el evangelio de nuestra salvación (Efesios 1:13-14, 2 Corintios 1:22). Al mismo tiempo, el Espíritu también nos bautiza en el cuerpo de Cristo (1 Corintios 12:12-13, Romanos 6:3-6).
Aunque el Espíritu ya no está produciendo señales y milagros, sí nos provee fruto para suplir nuestras necesidades espirituales (Gálatas 5:22-23). El Espíritu también nos fortalece para que podamos estar firmes y mucho más (Efesios 3:16, 3:20, 6:17).
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El pecado es lo que es contrario a Dios. Los pensamientos e imaginaciones que son contra Dios también son pecados.
Dios no creó al hombre en una condición de pecado. Dios creó un hombre bueno y perfecto, pero el pecado entró por Adam cuando desobedeció a Dios. Todos nosotros somos descendientes de Adam (Romanos 5:12-19, 1 Corintios 15:21-22).
Adám y la creación fueron maldecidos cuando él comió del fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal (Génesis 2:17, 3:17-19). Todos pecan porque están en la misma corrupción de la carne. El pecado mora en nuestra carne (Romanos 7:17).
Además, Dios hizo el infierno para Satanás (el Diablo) y sus ángeles rebeldes (Mateo 25:41). Pero todos los que también son contra a Dios serán castigados (Efesios 2:1-3, 5:7, Revelación 20:11-15).
Todos son pecadores, no hay ninguno que no ha cometido pecado digno de ira (Romanos 3:9-19). Necesitamos un salvador.
“Porque la paga del pecado es la muerte; mas el don de Dios es vida eterna en Cristo Jesús el Señor nuestro.” Romanos 6:23.
“¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde está, oh sepulcro, tu victoria El aguijón de la muerte es el pecado; y la fuerza del pecado es la ley. Mas a Dios gracias, que nos da la victoria por nuestro Señor Jesús Cristo.” 1 Corintios 15:55-57.
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¿Para qué necesitamos un salvador? ¿De qué necesitamos ser salvos?
Dios es un juez justo que no dejará de castigar con justicia. Los hombres son corruptos y pervierten el juicio, pero Dios no justifica al impío (Éxodo 23:7, Proverbios 17:15).
Para que Dios sea justo y recto, Él debe castigar el pecado. Y todos hemos pecado contra Dios y somos merecedores de su ira.
Necesitamos salvación del juicio de Dios.
Dios envió a su propio Hijo, quien murió en nuestro lugar.
Cristo hizo la obra que tú no podías hacer. En la cruz, la sangre de Cristo fue derramada para pagar por tus pecados.
Cristo hizo todo lo necesario para que tú seas perdonado y salvado de la ira de Dios.
“Además os declaro, hermanos, el evangelio que os he predicado… por el cual asimismo… sois salvos… que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; Y que fue sepultado, y que resucitó al tercer día, según las Escrituras;” 1 Corintios 15:1-4.
“En el cual también confiasteis vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación: en el cual también desde que creísteis, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa,” Efesios 1:13.
“Mas Dios encarece su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, siendo ahora justificados por su sangre, por él seremos salvos de la ira. Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, ya reconciliados seremos salvos por su vida. Y no sólo esto, mas aun nos gloriamos en Dios por nuestro Señor Jesús Cristo, por el cual hemos ahora recibido la reconciliación.” Romanos 5:8-11.